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Educación positiva

Ser padre no siempre es un trabajo relajante. La frase “Antes tenía principios, ahora tengo hijos” lo resume perfectamente. Basarnos en nuestros principios sin tener en cuenta al niño tal y como es puede hacernos perder el contacto con él. El trabajo de un padre es adaptarse al niño, a sus deseos y necesidades. Verdades absolutas como “Siempre me dijeron que cuando era niño” o “en mi época funcionaba así” no existen con un niño pequeño. Todos conocemos a padres amigos que, en las redes sociales, viven el idilio que soñabas con tus querubines. ¡Siempre sonriendo, siempre obediente y nunca gritando! Te aseguramos de inmediato que esto no existe en la vida real. Sí, los padres se enfrentan a las crisis del niño y a veces incluso a las suyas propias. Esto puede ocurrir después de un mal día de trabajo, después de un encuentro desagradable con la pareja, o después de haber repetido lo mismo 20 veces a la pequeña cabeza rubia sin ningún resultado. Y paralelamente a todo esto, escuchamos cada vez más sobre la educación positiva. ¿Sería una educación en oposición a una educación que sería negativa? Así pues, responderemos a estas preguntas contigo.

La educación positiva también se llama educación de cuidado o crianza positiva. Es una educación basada en la escucha, el cuidado, la confianza y el apoyo. Todos estos son elementos que permitirán a un niño pequeño desarrollarse como un adulto realizado, autónomo y responsable.

El origen de esta metodología educativa se encuentra en la ideología de Marshall Rosenberg de “comunicación no violenta”. En 1970, definió esta ideología como la comunicación con los demás sin agresión ni juicio. En resumen, la educación positiva tiene por objeto alentar al niño, en lugar de castigarlo, para ayudarlo a ser autónomo y responsable.

Aquí están los 4 principios que definen la crianza positiva:

  • Disciplina positiva: Se basa en el estudio de la psicología infantil y se centra en la no violencia (ni física ni verbal). Fue desarrollado y democratizado por Jane Nelsen y Lynn Lott en la década de 1970. Es una disciplina firme y benévola en la que no se utilizan gritos, castigos, amenazas, chantajes o recompensas.

  • Paternidad positiva: Es un verdadero compromiso por parte de los padres para nutrir el desarrollo del niño a través del cuidado. Es importante luchar contra algunos de los automatismos que tenemos en ciertas situaciones y aprender a desarrollar otros nuevos. La crianza positiva requiere un trabajo real sobre uno mismo y nos permite vivir en un ambiente familiar pacífico.

  • Educación afectuosa: Una crianza afectuosa es una relación igualitaria entre padre e hijo donde se respetan las necesidades de cada uno. Es un equilibrio entre la laxitud y el autoritarismo.

  • Comunicación no violenta: Es una herramienta poderosa para mejorar la relación padre-hijo. No hay violencia verbal o física para que nadie se sienta agredido. Esto se llama comunicación afectuosa.

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Empieza por cuidarte a ti mismo

Ser padre puede ser un trabajo difícil. Para poder poner en perspectiva ciertas situaciones y afrontarlas de la mejor manera posible, es esencial que estés descansado. No es fácil, se puede decir, y es verdad. Por eso es necesario dormir lo suficiente y esto se puede lograr tomando siestas, aunque sea en detrimento del hogar. También es necesario comer bien, sin olvidar nunca el desayuno y limitando el café si tiende a irritarte. También piense en oxigenarse lo más posible, esto puede limitarse a un paseo por el parque con los niños si su tiempo es limitado o incluso mejor con una actividad deportiva.

Evitar las negaciones

Usar frases positivas: en lugar de decir “no grites”, di “por favor, juega en silencio”. Esto puede sonar inofensivo, pero la primera frase es una prohibición (que implica un posible castigo) mientras que la segunda invita al niño a autorregularse, a tener su propia disciplina. La segunda frase, conocida como la frase positiva, naturalmente tenderá a ser pronunciada con más calma que la primera. El “por favor” al final marca la diferencia y sienta las bases para una relación igualitaria. Al principio, pasas el tiempo corrigiéndote, pero pronto ves los efectos positivos de estas frases. Si le pide a su hijo que pinte en la caja que se le proporciona en lugar de no repasar, estará orgulloso de mostrarle que tiene éxito y que sabe hacerlo bien.

Liderando con el ejemplo

Dado que el padre es siempre el modelo del niño que trata de parecerse a él a través de la imitación, trata de no levantar la voz para no validar este tipo de comportamiento con el niño. Una reacción inapropiada durante una situación estresante puede ser malinterpretada por el niño. Disculparse con él corrige esto y le enseña a disculparse por su cuenta. Una vez más, esto requiere un verdadero trabajo en ti mismo, pero no te arrepentirás.

Jugando y riendo juntos

Los niños aprenden a través del juego y siempre lo hacen mejor cuando están acompañados por un adulto. Estos momentos de compartir ayudan a cimentar una relación positiva. Y la risa tiene una influencia positiva en nuestros cerebros. Reírse juntos nos permite compartir momentos de felicidad y por lo tanto aliviar las tensiones. El uso de un mediador como un peluche, por ejemplo, también puede simplificar una situación o una experiencia de aprendizaje: “El Sr. Peluche dijo que tienes que cepillarte los dientes antes de ir a la cama”.

La lectura como educación

En Max & Lea estamos convencidos de que la experiencia de una persona puede ser beneficiosa para otra. Y si estas personas experimentadas son especialistas en el campo, eso es aún mejor. Por eso recomendamos un poco de lectura:

« Cool Parents Make Happy Kids » de Charlotte Ducharme

« J’ai tout essayé » de Isabelle Filliozat et Anouk Dubois

« La discipline positive » de Jane Nelsen

Estas obras son referencias en el campo y han ayudado a muchos padres a comprender ciertas situaciones para corregirlas.

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